Desde sus inicios Pan Am pecó de ingenua y superficial, pretendía ser un retrato de los felices años sesenta pero en ningún momento pudo desprenderse de la mentalidad actual, por mucho que las azafatas de Pan Am representasen una pretendida vanguardia feminista (después de todo debían dejar la compañía cuando se casasen o cumpliesen los 32, tener un peso determinado, etc, etc), mantenían unas relaciones y unas actitudes que bien podrían aparecer en una serie actual sin chirrirar; a este tratamiento actual de una época pasada hay que añadir la superficialidad en algunos temas que presentaron, el racismo, la homosexualidad, la liberación sexual e incluso la Guerra Fría fueron tratados de pasada y los conflictos que planteaban se resolvían en un par de escenas siempre al servicio de las relaciones amorosas de los protagonistas.
Otro factor que tuvo en contra fue su serialización, el que no fuera una serie procedimental hacía que, por una parte no se sumaran nuevos espectadores y que, por otra los que se bajaban del tren no volvieran a subirse a él además, el tono ligero de Pan Am tampoco ayudaba a que ciertos espectadores (acostumbrados a series más complejas y oscturas) se implicasen en sus tramas, después de todo no es lo mismo la audiencia de las diez de la noche que la de las nueve y el tramo en el que Pan Am se emitía invitaba más a ver series de otros canales como The Walking Dead que a sentarse a ver las aventuras amorosas de un grupo de azafatas, historias más propias de las nueve de la noche, horario en el que la ABC emite Once Upon a Time y es que, esta temporada, ignoro el porqué, pero el domingo por la noche se ha convertido en una de las franjas más competitivas de la televisión americana junto con el ya tradicional jueves.
En mi caso Pan Am era mi viaje particular a Camelot, un lugar de ensueño lleno de gente noble y atractiva, me gustaba sentarme cada semana delante de la pantalla sabiendo que me iban esperar 40 minutos llenos de buenas intenciones, con historias que, a pesar de los conflictos previos, sabía que iban a acabar bien. Pasear por el edificio de Pan Am, viajar a un diferente destino en cada capítulo, ver como evolucionaban los amoríos de las azafatas, ir más allá en sus historias personales… pero nada dura eternamente y, así como la compañía Pan Am cerró sus puertas después de un pasado glorioso, la serie ha dicho adiós definitivamente saliendo por la puerta de atrás, sin hacer mucho ruido e ignorada por la blogosfera.
Pan Am contaba con un espléndido cartel de actores que merecen se contratados lo antes posibles, desde el galán Mike Vegal al que veo perfectamente en el canal USA Network en una serie del estilo de White Collar o Suits, a Karine Vanasse (Colette) quien podría tener un papel en la exquisita The Good Wife como abogada, Christina Ricci (Maggie) como socia de Nancy Botwin en Weeds, Kelli Garner (Kate) haciendo de mala en Revenge y Margot Robbie (Laura) de princesa en Once Upon a Time, por pedir que no quede.
































