Nueva colaboración entre DiCaprio y Scorsesse después de haber trabajado juntos en El Aviador e Infiltrados y es que parece que ambos han creado un buen equipo en el que éxito está asegurado.... o no porque Shutter Island ha tenido que esperar un año para ser estrenada y nadie daba mucho por ella al principio por lo que ha sido toda una sorpresa las críticas favorables con las que ha sido recibida y el éxito que ha supuesto de taquilla en la temporada fuerte de estrenos de cara a los Óscars.
En la película el protagonista es Teddy Daniels, un policía que acude con su compañero a la isla de Shutter Island que acoge una institución psiquiátrica donde están internos los enfermos mentales más peligrosos del país de la que ha desaparecido una paciente cuya desaparición deben investigar. Scorsesse nos introduce así en un film que a primera vista parece un thriller que acaba convirtiéndose en un retorcido juego psicológico.

Si hay un adjetivo que define Shutter Island es "retorcida" y es que desde la primera escena eres consciente de que no todo es cómo te lo están presentando, sabemos que hay un misterio, es imposible que el lugar sea tan idílico como parece y precisamente, esa sensación que tan magistralmente transmite la película es la que te atrapa desde un principio y te engancha a la historia.
La ambientación de la isla y del psiquiátrico es perfecta desde su presentación, con una banda sonora que anuncia que estamos entrando en un lugar apartado del mundo y lleno de secretos, un lugar que conforme avance la película se volverá más agobiante y asfixiante como si de una ratonera se tratase, una ratonera de la que nadie puede huir, ni siquiera el protagonista que, a medida que pasan las horas va difuminando la frontera entre la realidad y la fantasía hasta tal punto que no puede fiarse de nada ni de nadie, ni siquiera de su compañero.
Ha sido todo un acierto situar la historia en los años cincuenta, durante la Guerra Fría y en plena caza de brujas, una época en la que todo el mundo era sospechoso y no te podías fiar de nadie, una situación que casa muy bien con todo lo que ocurre en la isla y que acompaña al misterio que esconde el caso que los dos agentes judiciales están investigando. Ha sido precisamente la resolución del caso lo que menos me ha gustado ya que a pesar de explicarlo todo a base de flashbacks ha habido demasiados detalles sueltos sin explicación que no casaban con lo que nos cuentan y hacen que salgas de la sala de cine con la sensación de que te han timado aunque al final haciendo un repaso de la película acabas reconociendo que has ido a ver una buena historia, bien contada y genialmente interpretada.
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Cine
En la película el protagonista es Teddy Daniels, un policía que acude con su compañero a la isla de Shutter Island que acoge una institución psiquiátrica donde están internos los enfermos mentales más peligrosos del país de la que ha desaparecido una paciente cuya desaparición deben investigar. Scorsesse nos introduce así en un film que a primera vista parece un thriller que acaba convirtiéndose en un retorcido juego psicológico.

Si hay un adjetivo que define Shutter Island es "retorcida" y es que desde la primera escena eres consciente de que no todo es cómo te lo están presentando, sabemos que hay un misterio, es imposible que el lugar sea tan idílico como parece y precisamente, esa sensación que tan magistralmente transmite la película es la que te atrapa desde un principio y te engancha a la historia.
La ambientación de la isla y del psiquiátrico es perfecta desde su presentación, con una banda sonora que anuncia que estamos entrando en un lugar apartado del mundo y lleno de secretos, un lugar que conforme avance la película se volverá más agobiante y asfixiante como si de una ratonera se tratase, una ratonera de la que nadie puede huir, ni siquiera el protagonista que, a medida que pasan las horas va difuminando la frontera entre la realidad y la fantasía hasta tal punto que no puede fiarse de nada ni de nadie, ni siquiera de su compañero.
Ha sido todo un acierto situar la historia en los años cincuenta, durante la Guerra Fría y en plena caza de brujas, una época en la que todo el mundo era sospechoso y no te podías fiar de nadie, una situación que casa muy bien con todo lo que ocurre en la isla y que acompaña al misterio que esconde el caso que los dos agentes judiciales están investigando. Ha sido precisamente la resolución del caso lo que menos me ha gustado ya que a pesar de explicarlo todo a base de flashbacks ha habido demasiados detalles sueltos sin explicación que no casaban con lo que nos cuentan y hacen que salgas de la sala de cine con la sensación de que te han timado aunque al final haciendo un repaso de la película acabas reconociendo que has ido a ver una buena historia, bien contada y genialmente interpretada.

























El libro está estructurado en tres partes, en la primera conocemos cómo se crearon las canciones del ciclo Praga, como les enamoró la ciudad e iban cada día al mismo local a escribir hasta tal punto que los camareros del mismo pensaron que eran pareja y para sacárselo de la cabeza no se les ocurrió otra cosa que ir al Cabaret más famoso de la ciudad en limusine y volver al local con unas bailarines de streaptesse que les dieron la frase para el estribillo de "Menos dos alas": Viva el derroche, muera el dinero. En Praga pelearon cada palabra, cuando componían una canción en una hoja de papel creaban "el corralito": un círculo con una gallina dentro en el que se Benjamín escribía palabras prohibidas para la canción en la que trabajaban, vocabulario muy utilizado en el imaginario de Sabina y que tenían que evitar para que la canción sonase fresca y nueva; a cada corralito Sabina atacaba con un "no compro" cuando Benjamín proponía algún verso lo que daba lugar a una discusión que acababa con los dos abrazados y bailando alrededor de la mesa cuando lograban ponerse de acuerdo.






