16 septiembre 2011



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Marchlands & Bedlam. Fantasmas británicos.

Parece mentira lo lejanas que quedan las vacaciones aunque no ha pasado ni un mes desde que acabaron, como todos los años, las empecé con la intención de reducir considerablemente mi lista negra de pendientes, y como todos los años, mis expectativas respecto a reducir dicha lista se quedaron en eso, expectativas y es que el verano es lo que tiene, quieres hacer tanto en tan poco tiempo que al final descansar, descansas poco pero ¿y lo bien que te lo pasas?; aún así no me puedo quejar en lo que a series se refiere ya que he podido disfrutar de las pocas que he visto y he descubierto pequeñas joyas que bien merecen un visionado.





Una de las primeras series que cayó a principios de verano fue Marchlands del canal británico ITV que, poco a poco le va plantando cara a la BBC en lo que a producciones propias se refiere. En Marchlands nos cuentan la historia de una casa a partir de las vivencias que en ella han tenido tres familias de tres épocas diferentes; en 1968 tenemos a los Bowen, una familia compuesta por un joven matrimonio y los padres de él, los cuatro viven en la misma casa e intentan superar una reciente tragedia que puede acabar con la familia. En 1987 habitan la casa los Maynard, una familia compuesta por un matrimonio y sus dos hijos, todo les sonríe hasta que la hija pequeña empieza a jugar con una amiga imaginaria y ocurren cosas extrañas en la casa, fenómenos para los que no hay ninguna explicación racional ¿o tal vez sí?. Finalmente en 2010 habita la casa una joven pareja que está esperando su primer hijo y lo están preparando todo para su llegada.


 La serie es una interesante apuesta de la ITV por lo paranormal y el misterio, sin ser una maravilla cumple con las expectativas y consigue atrapar al espectador en una historia que no deja de ser una excusa para mostrar las particularidades sociales de tres épocas bastante diferentes entre sí con tres modelos de familia distintos; los saltos temporales ayudan a que el ritmo sea ágil y la caracterización de las diferentes épocas presentadas están muy bien conseguida. Tal vez la familia que más me ha aburrido sea la de 2010, prefería los misterios de los 80 y la tragedia de los 60, los dramas de la pareja joven me hubieran dejado indiferente si no fuera porque son necesarios para descubrir el misterio que rodea la casa. Hay que avisar que no es una serie de miedo, el factor predominante y el más interesante es el drama, lo paranormal no ha dejado de ser un recurso para sacar los fantasmas personales de los protagonistas y sus secretos que al final son más estremecedores que los fantasmas. 




 De la ITV y Marchlands nos pasamos a la BBC y Bedlam, otra serie de corte sobrenatural, concretamente de fantasmas. La serie gira también en torno a un edificio, en este caso un antiguo sanatorio mental que fue clausurado por el maltrato al que eran sometidos los internos; varias décadas después de su cierre, los descendientes del director del centro deciden reabrirlo convertido en un conjunto de apartamentos para alquilar. El dueño del edificio es Warren quien tiene alquilado uno de los pisos a su hija Kate, la cual lo comparte con dos amigos, Molly y Ryan. La historia arranca cuando Jed, un primo de Kate que en realidad no lo es (es adoptado), tras pasar una temporada interno por tener visiones de fantasmas empieza a recibir SMS de un remitente desconocido con el texto “Salva a Kate” por lo que decide ir a Bedlam para protegerla y averiguar qué peligro la amenaza. ¿Qué ocurre cuando una persona que puede ver a los muertos y la forma en la que murieron empieza a vivir en un edificio en el que a lo largo de su historia ha habido torturas, humillaciones, abusos y muerte? Que los fantasmas empiezan a aflorar. La serie, compuesta por una primera temporada de seis capítulos (ya está confirmada la segunda) nos muestra un fantasma en cada uno, una historia trágica que, de alguna manera siempre está relacionada con la historia de alguno de los inquilinos del edificio y sus malas acciones y es que los muertos de Bedlam siempre son víctimas que siguen buscando justicia. 


 La serie está bien planteada, el fantasma de turno de la semana nos ayuda a descubrir los horrores del sanatorio mental y el pasado y los oscuros secretos de los actuales inquilinos, el misterio que rodea el origen del protagonista y su relación con Bedlam ayudan a que la serie sea algo más que un simple procedimental y si algo queda claro desde el principio es que la familia propietaria del edificio es la clave de lo que ocurre en este lugar tan siniestro. Bedlam entretiene y aunque no cambiará vuestra vida os hará pasar un buen rato. Veré la segunda temporada.


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